---- Bonus No estoy en contra de
la cultura o de la educación, solo digo: "lástima que nos hacen olvidar lo
esencial". Nos
"educan" para todo, menos para "la
vida". DW
Me interesé por el folclore a mis 20 años, más o menos, viniendo yo de
los Beatles y del jazz.
En casa sonaban Al Jolson, Doris Day, Nat King Cole...
A la música de los Beatles (y de toda aquella camada de los años '60) la
tocaba y la cantaba en los bailes de la zona sur (Banfield, Lomas, Temperley,
Adrogué) con las banditas de garaje que integraba entonces.
Leguizamón y Castilla, Tejada Gómez, Falú y Dávalos me ganaron el
corazón en aquella época (comienzos de los años '70).
Y no solo su música y su poesía, sino también el paisaje, el paisaje del
Norte (Salta y Jujuy, en particular, y la Quebrada de Humahuaca, en especial).
Nos pasó a muchos, creo, en esa época, enamorarnos de los Carnavales del
valle de Lerma, del Tren a las Nubes, de los pueblitos de la Quebrada...
Entonces aprendí a tocar y a cantar aquellas canciones, aquellas zambas.
A partir de mis 50 años, empecé a escribir mis propias canciones.
Al comienzo, canciones para chicos (basadas en las poesías que publicaba
en las revistas infantiles en las que colaboraba como ilustrador), y luego,
canciones de todo tipo (que expresaban las cuestiones que me interesaban y me
concernían).
Así empezaron a aparecer algunas que tenían un "airecito"
folclórico.
Pero yo no vivía en Salta o en Jujuy, así que mis "zambitas"
trataban de otros asuntos, de otros paisajes.
Y así surgieron "Zambita de la ciudad", "Callecitas de mi
barrio", "Cúpulas de Buenos Aires", entre otras.
En ésta, "Hay un cielo allá en el Norte", hablo de aquellas
regiones, pero como lo que fui, un visitante enamorado.
---- Hay un cielo
allá en el Norte
Letra y música: Douglas
Wright
Hay un cielo allá en el Norte, camino de la Quebrada, el que no ha visto ese cielo, entonces, no ha visto nada…
el que no ha visto ese cielo, entonces, no ha visto nada.
Hay un sol y hay una tierra que le llaman “arenosa”, jamás había pisado una tierra más hermosa…
jamás había pisado una tierra más hermosa.
Cielo arriba,
Norte adentro, entre el cerro
y la quebrada, por un
pueblito escondido la vida pasa
callada… por un
pueblito escondido la vida pasa
callada.
Una capilla de adobe anda perdida en la sierra con su techo de cardón y su vereda de piedra…
con su techo de cardón y su vereda de piedra.
No hay cielo como ese cielo y no hay tan linda quebrada, no hay cerro como esos cerros ni vida así de callada…
no hay cerro como esos cerros ni vida así de callada.
Cielo arriba,
Norte adentro la tarde
alarga su sombra, la vida pasa
callada, solo el
silencio la nombra… la vida pasa
callada solo el
silencio la nombra.
Como dije antes, alguna vez, no soy un músico (salvo que
llevo la música en el alma, en los oídos y, a veces, en la guitarra y la voz).
Jamás toco en público (no, al menos, desde que integraba
unas banditas de garage a fines de los años '60 y comienzos de los '70), a lo
sumo, frente a otra persona —un amigo o una amiga—, "one-on-one",
como dicen en inglés cuando una entrevista es personal, íntima. Entonces, no toco y canto salvo cuando (de vez en cuando)
se me da por hacerlo. A veces pasan meses sin que esto ocurra. Lo bueno es que, cuando ocurre, es (casi) como la primera
vez. Una fiesta, una alegría, un reencuentro (un renacer, a
veces, pienso). La música renace en mí. Yo renazco en la música. (“Todo es vibración”, dicen, así que algo de eso debe
haber...) Entonces, cada vez que quiero grabar una canción (como
las que andan en mis blogs y en mi canal de YouTube), la tengo que aprender de
nuevo. Y esto no solo ocurre con las canciones de otros (las de
los Beatles, por ejemplo) sino con las mías propias (especialmente con las
mías, diría). Es lo que está ocurriendo con estos videítos caseros (grabados
con el celular). Busco la canción en cuestión (esa que empieza a sonar en
mi "cabecita" y en mis oídos), que guardo en
carpetas-biblioratos. (A veces tardo un rato en encontrar la que busco, tantas
hay ya). Repaso la letra y, sobre todo, reaprendo los acordes de
guitarra. Muchas veces vuelven solas, fácilmente, fluídamente (como
cuando uno aprende, de chico, a andar en bicicleta, como dicen). Y siempre, el reencuentro es una fiesta. Una que ahora puedo compartir de esta manera,
"one-on-one", con cuantos quieran. ¡Bienvenidos!
---- Zambita de la
ciudad Letra y música: Douglas Wright Zambita de la ciudad, la que le canta a mis penas, ahuyenta las penas malas y me acaricia las buenas. Zambita de la ciudad, la que canta mi alegría, en el balcón de mi alma suena de noche y de día. Zambita de la
ciudad, mi zambita
ciudadana, no le canta a la
montaña, ni a la quebrada,
ni al valle, sino al cielo de mi
calle, sino al sol de la
mañana. Zambita de la ciudad, zambita humilde, modesta, cada vez que yo la canto me pone el alma de fiesta. Zambita de la ciudad, de mi cortada Amambay, zambita de lo que tengo, zambita de lo que hay. Zambita de la
ciudad, que suena donde me
halle, no le canta a la
montaña, ni al valle, ni a
la quebrada, sino al sol de la
mañana, sino al cielo de mi
calle.
No soy un músico,
claro está, sino, tal vez, un dibujante que siempre tiene una guitarra al lado
del tablero (un tipo que escribe poesías a las que, de vez en cuando, les pone
una musiquita —al alcance de sus recursos y de su oído). Lo que me gusta de
ellas (de mis canciones, digo) es que a diferencia de las grandes canciones que
me gusta escuchar y, a veces, cantar (de los Beatles, de Sinatra, del
folclore...), que le pasan cerca a las cuestiones y los asuntos que me
conciernen, las mías, lejos de ser grandes canciones, le dan en el medio, en el
centro, a esos asuntos, a las cosas que me interesan, a las cosas que me
conciernen y que conforman mi existencia. Son pequeñitas,
humildes, modestas, como los recursos musicales a mi alcance, y como las
cuestiones que me conciernen también. Aquí va ésta (una
más de esas): "Callecitas de mi barrio". ---- Callecitas de mi barrio Letra y música:
Douglas Wright Callecitas de mi
barrio, desparejas,
empedradas, con sus terrazas al
sol llenas de ropa
colgada. Callecitas de mi
barrio, con los árboles al
fondo, con sus rejas, sus
persianas, sus balcones y sus
toldos. Callecitas de mi barrio, mi recuerdo anda en un barco por ese río que corre al borde del empedrado. Callecitas de mi
barrio, con veredas de
baldosas, con zaguanes y
jardines con un malvón y una
rosa. Callecitas de mi
barrio, con sus frentes
decorados con una flor de
cemento o un angelito de
mármol. Callecitas de mi barrio, mi recuerdo anda en un barco por ese río que corre al borde del empedrado.
No soy un músico,
claro está, sino, tal vez, un dibujante que siempre tiene una guitarra al lado
del tablero (un tipo que escribe poesías a las que, de vez en cuando, les pone
una musiquita —al alcance de sus recursos y de su oído). Lo que me gusta de
ellas (de mis canciones, digo) es que a diferencia de las grandes canciones que
me gusta escuchar y, a veces, cantar (de los Beatles, de Sinatra, del
folclore...), que le pasan cerca a las cuestiones y los asuntos que me
conciernen, las mías, lejos de ser grandes canciones, le dan en el medio, en el
centro, a esos asuntos, a las cosas que me interesan, a las cosas que me
conciernen y que conforman mi existencia. Son pequeñitas,
humildes, modestas, como los recursos musicales a mi alcance, y como las
cuestiones que me conciernen también. Aquí va ésta (una
más de esas): "Callecitas de mi barrio". ---- Callecitas de mi barrio Letra y música:
Douglas Wright Callecitas de mi
barrio, desparejas,
empedradas, con sus terrazas al
sol llenas de ropa
colgada. Callecitas de mi
barrio, con los árboles al
fondo, con sus rejas, sus
persianas, sus balcones y sus
toldos. Callecitas de mi barrio, mi recuerdo anda en un barco por ese río que corre al borde del empedrado. Callecitas de mi
barrio, con veredas de
baldosas, con zaguanes y
jardines con un malvón y una
rosa. Callecitas de mi
barrio, con sus frentes
decorados con una flor de
cemento o un angelito de
mármol. Callecitas de mi barrio, mi recuerdo anda en un barco por ese río que corre al borde del empedrado.
---- Bonus Desde que me mudé a
esta casa, que es un duplexito de dos ambientes que tiene dos balcones que dan
a una cortada de casas bajas y árboles altos (y que encontré casi por
casualidad —¿porque me estaba esperando?, ¿porque tenía que ser?); digo, desde
que me mudé a esta casa, he fantaseado con su entorno (le he
"diseñado", por decirlo de algún modo, un entorno imaginario). Hacia el Este,
"veía" una selva (parecida a esas por las que andaba el Corto Maltés
en sus aventuras...). Hacia el Sur, un
pueblito en medio de un valle (¿como aquella Los Ángeles de la época del cine
mudo, tal vez?...). Hacia el Norte, el
mar, el mar de las playas del sur argentino (los mediodías de sol, me parecía
ver las olitas brillando sobre los tejados...). Hacia el Oeste,
oculta tras el tejado de mi propia casa, la Gran Cordillera (digo, aquella que
vi en algún viaje a Mendoza, Salta o Jujuy...). Y de noche, allá
arriba, el cielo nocturno de van Gogh, de Thoreau, el mismo (casi) que miraban
los caldeos, los egipcios, los andinos... Pocos recursos
materiales, suplidos por recursos mentales, ha sido, tal vez, una de las
características de mi vida, de mi existencia. Le he escrito muchas
poesías y canciones a mi duplexito en Amambay, y le he dedicado muchos dibujos
también (en agradecimiento, tal vez, a este "lugarcito en el mundo"
que encontré "casi por casualidad", "porque me estaba esperando"). Ésta es una más
(como tantas, en estos tiempos) firmada por el viejo Now: "Atrás de mi
casa". DW
---- Bonus Hace mucho, ya, los
libros que leo (que exploro, que me nutren, en los que me aventuro) son
aquellos que he bajado de la web, y que imprimo en papel y guardo en carpetas
(que son en realidad biblioratos). Esto me deja mucho
margen alrededor del texto impreso, que utilizo para hacer anotaciones y,
eventualmente, bosquejar algunas de mis poesías (inspiradas en algún párrafo o
alguna frase en particular). A veces, un
dibujito acompaña la poesía en cuestión, como en este caso. Algunos libros son
particularmente inspiradores (suscitativos), como éste en cuestión: "Zen
in English Literature and Oriental Classics", de R.H. Blyth (uno de esos
que me costó conseguir, pero que al fin llegó). (Zen en la literatura inglesa y los clásicos orientales.) DW