jueves, 8 de febrero de 2024

La realidad cotidiana



Si yo fuera un pajarito

 
Si yo fuera un pajarito 
 
Si yo fuera un pajarito
diría "gracias" al aire,
si yo fuera un pececito,
"gracias" al agua, también.
 
Como soy un ser humano
le digo "gracias" al día
—que es mi aire, que es mi agua,
mi cotidiano sostén.
 
Pajarito agradecido,
pececito agradecido,
¡ser humano agradecido!;
así ando por el día,
así ando por la vida:
¡dele y dele agradecer! 
 
El viejo Now

 

La realidad cotidiana

 
La realidad cotidiana 
 
La realidad cotidiana,
yo digo, ¡es maravillosa!
—no hay realidad más real,
no hay realidad más hermosa.
 
Digo hoy, el día de hoy,
digo ahora, digo aquí
—digo andar eternamente
en un vivir por vivir.
 
Yo digo, ¡es maravillosa
la realidad cotidiana!
—digo aquí, el día de hoy,
sentadito en mi balcón
bajo el sol de la mañana.
 
¡La realidad cotidiana!
—esa de todos los días—:
ese regalo continuo,
ese regalo constante, 
ese, que nos da la vida. 
 
El viejo Now



lunes, 5 de febrero de 2024

Louise Brooks

 

Louise Brooks 
 
Cada tanto, se me cruza algún personaje (un actor, un escritor, un pintor, un músico...) y sigo, por un rato, las pistas de su vida y de su obra.
 
A veces me reencuentro con alguno, y me enriquezco con información que hace unos años no estaba disponible (al alcance de mi curiosidad y de mi interés, digamos).
 
Van Gogh, Thoreau, Whitman...
 
Esta vez: Louise Brooks.
 
Ya me había topado con ella en mi época de "historietista".
 
Ella (aunque yo no lo sabía) había inspirado la "Valentina" de Guido Crepax (su "look", al menos).
 
Me la volví a cruzar en "Fábula en Venecia", de Hugo Pratt (esta vez con nombre y apellido, aunque yo no sabía de quién se trataba).
 
Ahora se me apareció otra vez (ya no recuerdo cómo o por qué) y me metí más en su vida y en su filmografía.
 
Y, como suele ocurrir, aparecen retratitos a birome o marcador suelto (una manera de tratar de "captar" más al personaje, tal vez).
 
Como digo, “si la birome o el marcador quieren, yo les sigo la corriente”.
 
Louise Brooks fue una actriz del cine mudo del Hollywood de los años 1920 (aunque sus películas más notables fueron filmadas en Alemania y en Francia), y ella tenía unos 22 o 23 años entonces.
 
A Louise Brooks, a Guido Crepax, a Hugo Pratt: ¡Salute! 
 
Douglas Wright



domingo, 4 de febrero de 2024

Lo que mi birome quiere

 
Lo que mi birome quiere 
 
Lo que mi birome quiere,
yo le sigo la corriente
—dibujando a las personas,
retratándola a la gente.
 
Lo que ve, ella lo quiere
retratar en el momento
—solo rayas y más rayas,
digo, puro movimiento.
 
Lo que mi birome quiere
—digo, mi BIC tinta negra—,
si yo le presto mi mano
para que raye el papel
y retrate lo que quiera,
yo siento que ella se ríe
—como que canta y que baila—,
yo siento que ella se alegra.
 
Lo que ella quiere, yo quiero
—eso es lo que me parece—,
y a pesar del Photoshop,
los pinceles y las Rötring
—los marcadores, las fibras,
los lápices de colores—,
nuestra amistad sigue firme,
nuestra amistad crece y crece. 
 
Douglas Wright


 
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Bonus 
 
Desde hace muchos (muchos, muchos, muchos) años, siempre tengo una birome a mano (en el bolsillo del pantalón, en el bolsillo del saco, en el portafolios, en la funda de la raqueta de tenis, al lado de la cama...), una BIC negra de punta gruesa.
 
Como dibujante, he experimentado con mil cosas (bueno, con muchas, al menos) buscando distintos tipos de trazo (he llegado a lijarle la pluma a una lapicera Parker, por ejemplo), distintas texturas, distinta fluidez de la línea y cosas así.
 
Pero la birome, esa que uso para escribir, me ha resultado fantástica para los dibujos rápidos, espontáneos (esas "capturas de pantalla de la vida", digamos).
 
¡Y están siempre disponibles en los kioscos y en las librerías del barrio!
 
¡ALELUYA! 
 
DW



viernes, 2 de febrero de 2024

Yo soy un tipo especial



Yo soy un tipo especial


Yo soy un tipo especial 
 
Yo soy un tipo especial,
digo, soy medio tarado
—más tarado que mi padre,
que mi madre, que mi hermano.
 
Yo soy un tipo especial,
digo, soy un poco gil
—midiendo del uno al diez,
yo diría, como mil.
 
Yo soy un tipo especial,
digo, soy un poco bobo
—si leo "Caperucita",
simpatizo con el lobo.
 
Yo soy un tipo especial,
especial en lo mental
—mi mente es "mente sin mente",
una mente diferente,
una mente demencial.
 
Soy un gil, soy un tarado,
yo soy un tipo especial;
tal vez, algún día me halle
en un mundo donde todos
—igual que yo, diferentes—
me saluden con la mano
y, con un gesto sonriente,
me digan "¡hola, qué tal!". 
 
El viejo Now




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Bonus
 
Cuando yo era chico, y en mi juventud, algunas de las palabras que uso aquí no se utilizaban, en el habla cotidiana, en su sentido estricto (el de padecer defectos físicos o psíquicos, por ejemplo —como en el caso de "tarado" o "tara") sino, más bien, como sinónimos de "inocente", "cándido" o "ingenuo".
 
"¡Sos un tarado!" o "¡no seas tarado!" eran frecuentes entre los amigos, en el colegio, en el club.
 
Y eran sinónimos de "un poco lento" o "falto de viveza", tal vez. "Falto de picardía" (esa "viveza" de la calle), quizá.
 
Otras, como "demente" o "demencial", se utilizaban como sinónimos de "absurdo" o "disparatado".
 
En el caso de "mente sin mente": ésta es una adquisición de mi madurez, de mi edad madura (no solo adulta).
 
La "mente sin mente" (mushin) es considerada el núcleo del zen y de las artes marciales japonesas (según una de las definiciones que circulan por ahí), y es un estado mental en el que la mente no está fijada ni ocupada por ningún pensamiento o emoción y, por tanto, está conectada con el Cosmos.
 
"Gil" (¡qué palabra tan bonita!) viene del lenguaje de los gitanos españoles y andaba en las letras de los tangos lunfardos que me gustaba escuchar.
 
Si hacías tal o cual cosa, corrías el riesgo "de que te bauticen gil", cantaba Edmundo Rivero.
 
En fin, con todos estos términos se identifica el viejo Now (que es quien firma esta poesía).
 
Y el viejo Now es ese aspecto de mí (un poco tarado, un poco tonto, un poco gil) un poco "especial", diría, con el que, a veces, me identifico. 
 
Douglas Wright
 

jueves, 1 de febrero de 2024

Los sabores de la vida



Los sabores de la vida

 
Me gusta el sabor de algunas bebidas (el vino, por ejemplo), y me encantan los perfumes del azahar y del jazmín de mis balcones... 
 
Pero, a veces, bebiendo un vaso de agua fresca, me encuentro diciéndome a mí mismo, en voz alta: "¡ah, qué rica!".
 
Y, a veces, acostado en mi colchón, dejando que mis pulmones se llenen todo lo que quieran, siento que el aire es riquísimo también.
 
Como están ahí, a nuestro alcance todo el tiempo —todavía—, me parece que los valoramos poco.
 
A ellos: ¡salud!
 
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Algo más…
 
Cuando yo era chico, había unos personajes que hablaban en “capicúa” (venían de una época anterior, todavía —de aquellos “taitas” de tango, tal vez).
 
A veces, algunos versitos se me aparecen así, en “capicúa” (“el agua es rica —el agua—“) porque sí nomás, porque se les da la gana (y yo les sigo la corriente).
 
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Los sabores de la vida 
 
El agua es rica —el agua—,
el aire es rico, también
—el agua, con su sabor,
me salpica, me salpica.
 
El aire es rico —el aire—,
rico como el agua rica
—¡ah, el aire, con su aroma,
aromatiza mi vida!
 
Nada de "insulsa, insabora,
inodora e incolora":
¡una mentira total!;
el agua tiene sabores
—sabores ricos que pican.
 
Nada de "insulso", ¡mentira!
—digo, el aire no es así—,
tiene perfumes de vida:
los aromas de la vida,
los aromas del vivir. 
 
Douglas Wright



lunes, 29 de enero de 2024

¡Ah, reflejitos del sol!



¡Ah, reflejitos del sol!

 
¡Ah, reflejitos del sol! 
 
¡Ah, reflejitos del sol
en mi copita de vino!
—se agitan, chisporrotean,
saltan, bailan, me encandilan.
 
¡Ah, los reflejos del sol
—de este sol del mediodía—
andan bailando en mi copa
festejándola a la vida!
 
¡Ah, reflejitos del sol
tintineando, aquí en mi copa!
entre cubitos de hielo
—esas acuáticas rocas.
 
¡Ah, los reflejos del sol
alegrándose en el vino!,
y entre cubitos de hielo
—el sol, arriba, en el cielo,
y yo, abajo, en mi balcón—,
nos alegramos los dos
y unimos nuestros destinos. 
 
El viejo Now


 
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Bonus 
 
¡Ah, los reflejos!...
 
Como dibujante, siempre los he notado e incorporado a mis ilustraciones.
 
Y siempre me llaman la atención en mi vida cotidiana.
 
Parece que le dan movimiento a las cosas estáticas, parece que le dan vida a las cosas que tal vez no la tienen.
 
Los brillitos en las hojas de los árboles, el reflejo en el charco de la vereda, el guiño del parabrisas de un auto estacionado...
 
Están en el vidrio de la ventana, claro, en la tapa de la pava, en las clavijas de mi guitarra, en cualquier parte, en cualquier lugar.
 
Parecen decir "¡aquí estamos!" con sus tintineos de luz.
 
Esta vez, sentado en mi balcón, estaban en los cubitos de hielo de mi copa de vino.
 
Y yo pensaba: "¡el sol está festejando conmigo!". 
 
DW



domingo, 28 de enero de 2024

Esta mano que dibuja

 
Esta mano que dibuja 
 
Esta mano que dibuja
está atrás de mis dibujos
—¿qué sé yo?, moviéndose
sin engaños, sin tapujos.
 
Esta mano que dibuja
—mi mano dibujadora—
anda siempre dibujando,
dibujando a toda hora.
 
Esta mano que dibuja
se dibuja a sí misma
—algunas veces a lápiz,
algunas veces a tinta.
 
Esta mano que dibuja,
¡ah, dibuja sin parar!
—a veces, dibuja en sueños,
a veces, al despertar.
 
Esta mano que dibuja
lo hace por su propia cuenta,
y no me pide permiso
cuando se posa en la hoja
—en la hoja de papel—
y empuña la lapicera. 
 
Douglas Wright