lunes, 17 de marzo de 2014

8. El caso de “Los Despertadores” (The Awakeners, en el original)





8. El caso de “Los Despertadores” (The Awakeners, en el original)



—No me digas que eso que tienes en la mano es un revólver cargado.
—Sí, es un revólver cargado.
—¡Te dije que no me lo dijeras!

(Maxwell Smart, el “Super Agente 86”)


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Sopapo va, sopapo viene


      Éste, como muchos de los casos de Phil Martin, es, acaso, un caso escaso (una excusa, casi). El caso es que, el de “Los Despertadores”, azotó (abofeteó, literalmente —así como estos casos son una bofetada literaria) a la tranquila (¿y dormida?) población de Las Anguilas.
      Todos los mediodías —entre las 12 y las 13, exactamente—, una pandilla de tres sujetos (incontenibles, incotrolables, insujetables: in-sujetos), disfrazados como “Los Tres Chiflados” (The Three Stooges, en el original —aquellos de Curly, Larry y Moe) recorrían las calles y las playas de L.A. abofeteando a todo aquél que se cruzaba en su camino (y hasta se cruzaban de vereda o de playa para cruzarse con aquellos que no se cruzaban con ellos).
      El procedimiento habitual era más o menos el siguiente —según el relato de los sopapeados: “Los Despertadores”, que venían en dirección opuesta al sopapeado, se paraban frente a él impidiéndole el paso y, a la voz de “¡Despierta!”, cada uno le encajaba un soberano sopapo en la mejilla.
      Este “Tratamiento” básico tenía (sufría) algunas variantes. A veces, el pandillero Moe (el “Sujeto Ejecutor” Nº1) abofeteaba al pandillero Larry, que a su vez abofeteaba al pandillero Curly, que era el que finalmente descargaba el sopapo sobre el “Sujeto Receptor”. (Todo esto de “Sujeto Ejecutor”, “Sujeto Receptor” y “Tratamiento” era cosa de los expertos del Departamento de Comportamiento de la Policía de Las Anguilas —a ellos les encantaba esa terminología.)
      Otras veces, el “Sujeto Ejecutor” Nº1 (Moe) lanzaba una bofetada a los “Sujetos Ejecutores” Nº2 y 3 (Larry y Curly), éstos se agachaban oportunamente, y el sopapo en cuestión (“Unidad de Agresión Manual Simple”) iba a parar al “Sujeto Receptor” (Willy Smith, en este caso).
      Otras variantes incluían tortas de crema, baldes de agua y objetos contundentes (los preferidos eran las llaves inglesas, los martillos y los serruchos —siempre enormes, y siempre de goma flexible). Y siempre, siempre, a la voz de “¡Despierta!”
   
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Contacto electrizante (al estilo Groucho)
      
   
      El Departamento de Comportamiento se contactó con Phil Martin a través de la Dra. Swift —Catherine Swift—, con quien Phil enseguida hizo buen “contacto” (la doctora tenía una personalidad “electrizante”, y era famosa por su “mal comportamiento” —pero ésa es otra historia). Phil debería encontrar a esos chiflados y averiguar de qué se trataba aquello de “Abofetear para Despertar”.
      Y Phil los encontró —ellos lo encontraron a Phil, en realidad (aunque —en rigor de verdad, pensaba Phil— se habían encontrado mutuamente, ya que el encuentro no hubiera sido posible sin ambas partes actuando simultáneamente).
      Venían por su misma vereda —en la dirección opuesta—, se plantaron frente a él y, a la voz de “¡Despierta!” —como siempre—, lanzaron sus sopapos.
      Phil se agachó, golpeó a Moe en la barriga, le arrancó un mechón de pelo a Larry, y retorció la nariz de Curly.
   
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Epílogo (primero)
      
   
      Phil nunca reportó el encuentro a la Policía de L.A. (aunque sí se re-portó como un caballero con la Dra. Swift, invitándola a ver una función de cine dedicada a Los Hermanos Marx —pero ésa es otra historia).
      Al parecer, el encuentro con “Los Despertadores” despertó algo en Phil que estaba dormido (lo “¡Despertó!”, pensaba él). (Después de todo —y a pesar de todo— él era un ciudadano más —un habitante más, prefería él— de Las Anguilas.)
      La pandilla siguió operando como siempre —siempre de a tres, siempre de 12 a 13, siempre sopapeando. La Policía de L.A. consideró que, mientras no fuera en el horario pico, la cosa no era tan grave.
   
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Epílogo (segundo)
      
   
      En la factura por los gastos de la investigación, Phil no incluyó las entradas a la función de cine de Los Hermanos Marx, éstas corrían por su cuenta (eso es ser “Marxista”, pensaba Phil).
      La Dra. Swift y él se siguieron “contactando”. Solían jugar a un juego —un poco chiflado, pensaban—: a que él era el Super Agente 86 y ella la 99.
      —No me digas que tú eres la 99 —decía él.
      —Sí, soy la 99 —respondía ella.
      —¡Te dije que no me lo dijeras!  
   
   
      Douglas Wright      


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