martes, 28 de junio de 2011

Vacío, vacío...


Vacío, vacío,
hoy está vacío,
y está todo, todo,
todo por hacer...

Vacío, vacío,
hoy está vacío,
y, libre de todo,
¡hoy vuelvo a nacer!

Ojo con el ojo...


Ojo con el ojo,
el ojo de la mente,
que ve como real
lo que es aparente.


lunes, 27 de junio de 2011

2/3 + ¼ + ½ = 1


Dos tercios de luna en la noche de otoño,
un cuarto en penumbras, dormidos los dos;
medianoche clara sobre la cubierta,
un mar en reposo: somos vos y yo.

Ya nada es igual


Ella ordena mis paquetes
de galletas de cereal,
y es co-autora de mis pizzas,
que ya no saben igual.

Y responde a mi saludo
de un modo tan natural:
“hola, hola, hola, buen día”,
“hola, buen día, ¿qué tal?”


Ella prepara el café,
quema el jarro de metal,
y desayuna conmigo
justo frente al ventanal.

Y abrazos en la cocina,
remera por delantal,
y abrazos que hacen temblar
la baranda de metal.


El aire de la primavera,
y el suave cielo otoñal
(y el verano con balcones,
y el acurruco invernal),
todo, todo es parecido
pero ya nada es igual.


miércoles, 22 de junio de 2011

Cielo grisáceo, blancuzco...


Cielo grisáceo, blancuzco,
cielo triste, sol sin sol;
un otoño desmayado,
un otoño que enfermó.


Sólo vuelvo porque fui...



Sólo vuelvo porque fui,
sólo porque fui volví;
una vez, de aquí hacia allí,
otra vez, de allí hacia aquí.

Si no hay allí, no hay aquí,
si no hay aquí, no hay allí;
sólo hay aquí desde allí,
sólo hay allí desde aquí.





viernes, 17 de junio de 2011

Ando preocupado, medio preocupado...



Ando preocupado, medio preocupado,
y no me preocupo por mi situación;
si me preocupara andar preocupado
sería completa mi preocupación.




jueves, 2 de junio de 2011

Una en serio y una en broma


Hay una ventana,
mi ventana al mundo;
está en mi cabeza,
adentro... profundo.



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Hay una ventana
que da a la vida;
nunca está cerrada,
siempre está abrida.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Rimando ando, cerca de la primera mirada






Rimando ando, cerca de la primera mirada


Antes de estudiar Zen, las montañas son montañas y los ríos son ríos; mientras estás estudiando Zen, las montañas ya no son montañas y los ríos ya no son ríos; pero una vez que alcanzas la iluminación las montañas son nuevamente montañas y los ríos nuevamente ríos.

Pensamiento zen

Siempre he pensado que la literatura cercana a los más chiquitos es una de las zonas más delicadas y difíciles de alcanzar, tanto para quien escribe como para quien ilustra.

Seguramente hubo un momento en que “miramos” por primera vez un árbol, una flor, un perro. Seguramente esa imagen era fresca, nueva, insólita, sorprendente. También lo eran las palabras “perro”, “flor”, “árbol”, tan difíciles de pronunciar con sus erres y sus eles. Y tan complicadas de escribir.

Después crecimos y a esos sonidos e imágenes se les fueron adhiriendo connotaciones de todo tipo como moluscos y algas en el casco de un barco. Aprendimos las artes de la ironía y del doble sentido. Y si, para colmo, nos dedicamos a la literatura, se sumaron las corrientes en boga y las opiniones especializadas. Flores, perros y árboles fueron metáforas o metonimias, meras aproximaciones a algo que siempre estaba más allá.

No mucha gente logra regresar a esa primera mirada sin perderse en el camino. Se requiere mucho valor y claridad de ideas para animarse a la sencillez sin confundirse con el aniñamiento ñoño (con todas las eñes). Sin embargo, Douglas Wright recupera esa mirada. En Rimando ando, como en el resto de su poesía, las palabras vuelven rotundas, plenas y sonoras, acompañadas en total sintonía por sus dibujos. Si Douglas dice: “Me gusta el mar” sentimos que le gusta con absoluto regocijo para nadar, para jugar, para reír y para soñar. Contagia esas ganas sin vueltas ni complicaciones. La ballena Elena es gorda y es buena. ¿Cómo serán los marcianos? ¿Qué es más bonito que ir con su burrito por la sierra? Y el mago Ciruelo nunca toca el suelo, igual que su padre, igual que su abuelo… Y la bruja Cereza, los mosquitos, los piratas, Ramón el dragón, Dante el elefante, un avión de juguete, soles, estrellas y hasta supermercados.

Como Douglas también es músico, tiene buenísimo oído para la métrica, la rima y el ritmo. Los versos se deslizan sin tropezones. Sabe que, para los chiquitos, cualquier forzamiento de la sintaxis es un puente roto que les hace perder el camino. Elige mantenerse sencillo porque escribe para ellos. Pero esa toma de posición tiene detrás un fundamento que puede verse en “El jardinero mágico”, la notable tira que publica en Imaginaria. Que perros, árboles y flores vuelvan a tener ese resplandor original es producto de un largo trabajo interno y, ¿por qué no?, de una profunda limpieza de corazón.

Me alegra mucho la aparición de Rimando ando en forma de libro. Es un regocijo para el oído y para la vista de los chicos, y podemos confiar en que nos mostrará el camino para regresar, aunque sea un poco, a ser aquellos que fuimos.


Graciela Pérez Aguilar



La vida no es una cosa...


La vida no es una cosa,
algo que pueda atrapar;
la vida no es una cosa,
algo que pueda aferrar...

La vida es tan sólo algo,
algo que puedo sentir;
la vida es tan sólo algo,
algo que puedo vivir.

lunes, 23 de mayo de 2011

Vida, vida, vida, vida...



Vida, vida, vida, vida,
vida, vida, acá y allá;
vida y más vida y más vida,
acá, allá y más allá...

Vida, vida, vida, vida,
vida, vida, allá y acá;
vida y más vida y más vida,
allá, acá y más acá.

Mientras la vida me lleve...


Mientras la vida me lleve
allí donde está la vida,
en esta vida me quedo,
yo me quedo en esta vida.