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La luna llena se asoma
detrás del follaje oscuro;
el follaje, azul y negro,
la luna es blanco puro.

Algo se movió
en la oscuridad
y ya nada, nunca,
volvió a ser igual.

“Ser o no ser”,
no puede ser.
“Ser y no ser”:
¡así ha de ser!
Todo lo que “es”
también es “no ser”,
y lo que “no es”
también ha de “ser”.

No hay grande sin chico,
lleno sin vacío,
salado sin dulce,
caliente sin frío.
No hay alto sin bajo,
gordo sin delgado,
claro sin oscuro,
seco sin mojado.
No hay “uno” sin “otro”,
la cosa es así;
“uno” sin el “otro”
no puede existir.

No tengo nada que dar
y nada que recibir
(o tal vez quise decir:
“Tengo todo para dar
y todo que recibir”).
Lo que tengo, ya lo di,
lo que dí, lo recibí
(o tal vez quise decir:
“Lo que tengo, recibí,
lo que recibí, lo di”).

Recién empezó el día
y ya se está acabando;
se me pasó escribiendo,
se me fue dibujando.
La luna de la noche,
ahora me está esperando;
tal como pasó el día,
la noche está pasando.

Sólo sé que es así porque sí.
¿Por qué sé que es así? No lo sé.
¡Sólo sé que yo sé que es así!
Y no sé por qué sé que yo sé.

Ramas, ramas, ramas, hojas;
ramas, hojas, cielo azul;
ramas y hojas, ramas y hojas;
ramas y hojas: como un tul.
(Verde oscuro, verde claro,
amarillo sobre azul;
puntos blancos, brillos blancos:
brillos blancos entre el tul.)

El pasado está en el recuerdo,
el futuro está en nuestra mente;
hay un sólo momento: el ahora;
solamente hay un tiempo: el presente.

En el mundo real no hay medida,
en el mundo real no hay tamaño;
no hay días, semanas ni meses,
no hay semanas, ni meses ni años.
En el mundo real no hay minutos,
en el mundo real no hay horas;
ahí el tiempo no tiene medida,
ahí el tiempo es siempre: ahora.


La luna vuela hacia arriba,
vuela sobre la ciudad;
arriba: brillo radiante;
abajo: oscuridad.