domingo, 14 de octubre de 2018

En sueños-08



En sueños-07


En sueños-07


¿Qué pasaría si, en medio de un día “normal”, uno se encontrara, de repente, en otro lugar —en una calle de París o de Nueva York, por ejemplo? (Sin necesidad de que —en ese lugar y en ese momento— ocurriera nada “especial”.)

Algo así —más o menos— es lo que me ocurre, casi a diario (noche tras noche), cuando sueño (cuando estoy en ese lugar: el “país” de los sueños, el “mundo” de los sueños, el ”estado de realidad” o de “conciencia” que el soñar es).

El solo hecho de estar en ese “otro lugar” se ha convertido, para mí, en una experiencia especial, fuera de lo común, fuera de lo habitual (algo así como que vivo habitualmente en un lado y me encuentro, por momentos, en otro).

Esta sección, “En sueños”, de este blog, “Otros Douglas”, alberga algunos de mis sueños, algunas reflexiones acerca de ellos y del soñar, y algunos productos relacionados con ellos (escritos y dibujos).


Douglas Wright


viernes, 12 de octubre de 2018

Caminar despreocupado


Caminar despreocupado 

Caminar despreocupado
y, así, dejar que la vida
me “asalte” por donde quiera
—por arriba y por abajo,
por un lado y otro lado.

(Adonde vaya, yo voy,
adonde llegue, yo llego
—con el pastito a mis pies,
con el cielo por sombrero.)

Caminar y caminar
—caminar despreocupado—
con la vida por arriba,
con la vida por abajo
y por todos los costados;
por la vida, en la vida,
¡caminar y caminar! 

Douglas Wright



Somos como pececitos




Somos como pececitos 

Somos como pececitos
que nadamos en el mar
sin saber lo que es el agua,
sin saber lo que es la sal.

Somos como pececitos
nadando en este gran mar
sin saber lo que es el tiempo,
sin saber lo que es la vida,
sin saber lo que es “nadar”. 

El Viejo Now


jueves, 11 de octubre de 2018

En esta noche de luna, versión “pro”




Esta vez, mi versión “casera”
de “En esta noche de luna”
se hizo “pro” con los arreglos
y la guitarra de Carlos Porta.

Arreglos y guitarra: Carlos Porta
Voces: Douglas Wright


“El sueño de los que duermen
profundamente en sus camas
sale a rondar por el barrio…”


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Canción: En esta noche de luna-versión “pro”


lunes, 8 de octubre de 2018

En esta noche de luna, con combo




Canción basada en la poesía
“Los colores de la noche”.

Esta vez, mi versión “casera” voló
hasta “La jaula de los leones”
donde Carlos Porta le puso
bajo, batería y teclados.


Letra y música, guitarras
y voces: Douglas Wright

Arreglos: Carlos Porta 


“El sueño de los que duermen
profundamente en sus camas
sale a rondar por el barrio…”




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Canción: En esta noche de luna-combo


domingo, 7 de octubre de 2018

En sueños-06, El sueño de la locomotora en el fondo de mi casa


En sueños-06

El sueño de la locomotora en el fondo de mi casa 


Domingo 8 de enero de 2017.

En el fondo de mi casa hay una locomotora. Vieja, de “fierro”, como las de antes (como las de las películas del Far West —o las del México de Pancho Villa).

Está estacionada (arrumbada) en un patio (o yard) con piso de tierra que se encuentra detrás de un galpón (que es mi casa).


1. Galpón (mi casa)
2. Locomotora negra
3. Pieza lateral
4. Chapas de cartón

Hay, tiradas en el piso (en 4), unas chapas de cartón de un color blanco amarillento.

Y una pieza de “fierro” negro —como una especie de guardabarro lateral de la locomotora— está tirada-caída al lado de las ruedas delanteras (en 3).

La locomotora es más alta que la del dibujo y llega hasta la parte de arriba del techo del galpón.

Alguien la hace andar a través de mi galpón-casa —rompiendo la pared y arrancando parte del techo— para sacarla —a través de mi galpón-casa— hacia la parte de adelante.


Yo grito “¡eh, me están rompiendo la casa!” —o algo así— pero nadie me da bola, no me hacen caso.

Parece que la cosa no pasa de ahí, de una pared rota y un pedazo de techo arrancado…



viernes, 5 de octubre de 2018

En sueños-05, El sueño en el que vuelo sobre el mar


En sueños-05

El sueño en el que vuelo sobre el mar 


Jueves 26 de enero de 2017.

Vienen, en avión, a visitarme unas tres o cuatro personas jóvenes —en sus “thirties”— (chicas, chicos, ¿parientes?, ¿familiares?, ¿amigos?... ¿quién sabe?).

¡Y yo salgo a recibirlos, a saludarlos, a darles la bienvenida! ¿Cómo? ¡VOLANDO!!!

Me lanzo a volar sobre el mar hacia donde está el avión.


Detrás del avión (en 1) se ve una especie de horizonte, o un fondo. No sé si son las nubes del atardecer o la vegetación de unas islas.

El mar es de color marrón (como el color del Río de la Plata). ¡Pero es el mar! Y cuando me lanzo, me doy cuenta de que estoy a gran altura, y de que me interné bastante mar adentro (más de lo que pensaba). Pienso que tengo que pegar la vuelta.

Es impresionante volar a esa altura, pero no tengo ni miedo ni vértigo (sólo siento que se me fue un poco la mano…).

Doy vuelta para volver y paso cerca del avión, a más altura que él.

Veo los pies de los pasajeros —son pies de mujer, algunos con sandalias— pero no veo quiénes son.


Después, hago una pirueta volando por arriba del avión, me acerco, y amago a que me voy a subir al avión en movimiento, en pleno vuelo.

Hago como que me voy a lanzar encima del avión y abordarlo como si fuera un barco. (Creo que hasta le veo una cubierta con un bote salvavidas…)


Los pasajeros (las pasajeras) lanzan un “¡uuuhh!” de asombro —o tal vez de miedo. Pero lo mío es sólo un amague, un juego, una broma.

¡Y todo esto ocurre mientras yo estoy VOLANDO!

Después, me alejo, pego una vuelta, y me voy en dirección a la costa (que es hacia donde se dirige el avión). Lo veo con el sol de la tarde dándole de lleno, amarilleándolo, dorándolo.


Me veo “aterrizando”, llegando a un restaurante o bar situado en la costa, sobre un acantilado, con unas terrazas llenas de mesitas y de gente asombrada al verme llegar volando.

El avión se va por otro lado —al fondo, atrás— hacia un aeropuerto o una pista de aterrizaje.



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Nunca, en mi vida, volé. Jamás viajé en avión. Y “las alturas” (ascensores, balcones —o cualquier cosa que estuviera a dos metros del suelo) me producían vértigo.

Es más, a veces sentía vértigo mirando —“hacia arriba”— un edificio alto, o un cielo lleno de nubes.

Así que la sensación (tan vívida) de estar volando (por mis “propios medios”) sin sentir miedo ni vértigo sí que fue “joyfull”, gozosa, una vivencia muy especial.


Cuando uno está en la cima de una montaña muy alta, mira hacia abajo el camino ondulante que lo condujo hasta allí, y le toma una foto, la foto nunca llega a dar la sensación de distancia y de altura (y de magnificencia) de la experiencia real.

Y cuando uno, parado a la orilla del mar, le toma una foto, ésta tampoco transmite la sensación de grandeza (de profundidad, de espacio) que uno tiene frente al verdadero mar.


Lo mismo (o algo parecido) sucede en este caso: mi relato no transmite la sensación, la vivencia, de estar —realmente— (en esta “otra realidad”, al menos) volando, a gran altura, sobre el mar.



jueves, 4 de octubre de 2018

En sueños-04, El sueño del piletón cuadrado


En sueños-04

El sueño del piletón cuadrado 


Martes 4 de setiembre de 2012. 

Estoy parado, sobre una especie de trampolín, con un par de personas más.


El trampolín está frente a un mar —que es más como un río. Nos tiramos.

El agua está tibia —menos fría de lo que esperaba— y hay mucha gente en las orillas, de los dos lados. Las orillas están bastante cerca. Es como un canal.


El agua está tibia y “babosa”. No parece muy limpia (hay mucha gente). Y hay un sol que se refleja en brillitos blancos sobre el agua (y encandila un poco —como en esas películas de los años ’70).

Hay mucha gente en el agua y hay que nadar esquivando a los que se cruzan en nuestro camino.

Pierdo de vista a las dos personas que venían conmigo, y me encuentro nadando solo.

Llego a una especia de cuadrado de agua, como una pileta o piletón.


El río (mar, canal, o lo que fuera) sigue en ángulo recto hacia la izquierda (se puede ver más gente y más río-canal y sol).

El piletón está cerrado con vidrio y techado, y hay gente, chicos, alrededor —como en el descanso de una pileta de natación.

Son como muñecos o clones, iguales entre sí, con la carita lustrosa —como de plástico o cera— y todos tienen un símbolo o emblema futbolero (una remera, un gorro o algo así) del mismo cuadro (o, quizá, de dos cuadros, uno rojo y otro azul).

Me lanzan una pelota que anda por ahí, tal vez para que yo se las devuelva (y así jugar a alguna especie de juego).


martes, 2 de octubre de 2018

En sueños-03, El sueño del piolín en mi balcón


En sueños-03

El sueño del piolín en mi balcón


Junio de 2014.

Acabo de tener un “multisueño fantástico” (que apenas logro anotar).

En él, recorro espacios desconocidos de mi mente, recorro “Douglases” desconocidos (no otros espacios sino otros Douglas) y vuelvo a la casa de mi conciencia, de mis “yo” conocidos, de mis hábitos y mis manías.

El “yo” (el Douglas habitual) es mi balcón.

El cielo, las nubes, el sol, lo desconocido.

Floto, un rato, atado a mi piolín, y regreso a mi balcón, a mi casa.




A continuación, y relacionada con este sueño, surgió la siguiente poesía. 


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Al borde de mi balcón

Hay un piolín que está atado
al borde de mi balcón,
con un globo que se pierde
entre las nubes y el sol.

Hay un piolín que está atado
al borde de mi balcón;
y el globo atado en la punta,
un globo o un barrilete,
me parece que soy yo.

Douglas Wright




domingo, 30 de septiembre de 2018

En sueños-02, El sueño del colectivo azul


En sueños-02

El sueño del colectivo azul 

Este es el primer sueño que registré, en noviembre de 2011.

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Viajo en un colectivo que va chocándose contra todos por la calle. Se topa con un auto a la izquierda, se topa con un camión a la derecha.


Desde adentro no veo mucho porque las ventanillas son chicas, como las del 118 (el colectivo que tomaba, en la década de 1960, para ir al colegio).

La gente está toda apilada de un lado, del lado izquierdo. Están todos parados, de pie. No veo (o no recuerdo) si hay pasajeros sentados.


Lo que sí veo es que del otro lado (del lado derecho) no hay asientos. Hay unas guías de metal en el piso, pero ni un solo asiento. Tampoco hay gente (y no sé si hay ventanillas).

Veo, por el ventilete de adelante, el del lado izquierdo, que, al doblar hacia la derecha en una esquina, el colectivo choca, fuerte, ruidosamente —contundentemente—, contra un auto que circula en dirección contraria.


“¡Ups!, un pequeño roce”, dice el conductor del colectivo (un tipo de bigotes y camisa o camiseta blanca) despreocupadamente. Hay ruidos de metal y vidrio.


Lo veo, por una ventanilla, caminando junto al otro conductor. El otro se queja, éste va despreocupado y alegre. “Es lo que es”, le dice.


El colectivo en el que viajo es azul (de un azul oscuro y brillante) y tiene el capó redondeado, con una varilla plateada en el medio (como el de los colectivos de mi infancia).


El chofer del colectivo se topa con todos y contra todos a propósito, alegremente, sin preocuparse por nada. 
  
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En aquella época —en 2011— “trataba” de encontrarle algún significado a mis sueños, “interpretarlos” de alguna manera.

Ahora —en 2018—, si algún significado surge por sí mismo, bienvenido. Si no, no problem.

Lo interesante, creo, es “haber estado allí”, haber “visto” lo que vi, haber participado de ello, haberlo experimentado.

Lo que importa no es “what” I dream but “that” I dream, diría. 


Douglas Wright


viernes, 28 de septiembre de 2018

¡Ah, el mundo de mis sueños!




¡Ah, el mundo de mis sueños!
(¡un mundo sin dualidad!) 


Cuando yo sueño, yo voy
donde mis sueños me lleven,
yo voy adonde ellos vayan
y llego hasta donde lleguen.

Yo no elijo mi destino,
ellos deciden el viaje,
y yo viajo sin valijas,
yo viajo sin equipaje.

En mis sueños, me veo joven,
en mis sueños, me veo viejo,
de todos mis “yo” posibles
mis sueños son un espejo.

En los sueños que yo sueño
no hay soñador ni soñado
y, al despertar, me pregunto
quién es el que ha despertado.

¡Ah, el mundo de mis sueños!,
¿fantasía o realidad?;
que es otro mundo, seguro,
y que existe, es verdad;
tal vez sea un mundo donde
“sí y no” sean posibles,
“claro y oscuro” convivan,
“ser y no ser”, ambos sean,
un mundo abierto a todo
—como otra realidad
donde todo sea posible—:
¡un mundo sin dualidad! 


Douglas Wright