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sábado, 15 de octubre de 2022

Derrotado, una y otra y otra vez

 
Derrotado, una y otra y otra vez 
 
Derrotado, una y otra
y otra vez, por el frontón,
me retiro victorioso
por haberlo yo intentado
—sin el menor desencanto 
digo, sin desilusión.
 
Una y otra y otra y otra
y otra vez soy derrotado
por el frontón imbatible
—ese rival de cemento,
ese rival compañero,
siempre ahí, del otro lado.
 
El frontón es imbatible,
el mejor devolvedor,
pero yo soy incansable
en mi afán incontenible
—qué digo, inconmensurable—
de ser mejor jugador. 
 
Douglas Wright




miércoles, 10 de agosto de 2022

El Jardinero Mágico juega a ser van Gogh


Aquí, es el Jardinero Mágico
el que juega a ser van Gogh.



viernes, 5 de agosto de 2022

Cita en Montmarte


Cita en Montmartre 
 
Esta es una colaboración entre dos Douglas:
uno de 30 años, y otro de 60.
 
El de 30 concibió y desarrolló una historieta
que nunca llegó a terminar.
 
El de 60 recuperó los dibujos, restauró y coloreó
algunos de los cuadritos, y escribió una poesía
contando la historia.
 
El resultado es éste:
“Cita en Montmartre - una fantasía impresionista”,
protagonizada por Gauguin, Lautrec, y van Gogh. 
 
 

martes, 19 de octubre de 2021

Las travesías del viejo Now


Este es mi regalo de cumpleaños Nº 72:
“Las travesías del viejo Now”.
(El registro de algunos viajes
que hacemos juntos.)

 

martes, 7 de julio de 2020

Un barquito y su reflejo


Un barquito y su reflejo 

Un barquito y su reflejo,
por el lago, navegando;
uno arriba y otro abajo
—parece—, como jugando.

Un barquito y su reflejo;
cuando cruzaron el lago,
los dos, jugando —parece—,
se fueron como volando.

Un barquito y su reflejo,
por el lago, navegando;
un barquito anda despierto,
el otro, como soñando. 

Douglas Wright



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Bonus

Yo viajo en los dos barquitos
y me vivo preguntando
en qué barco estoy despierto
y en qué barco estoy soñando.


Un barquito y su reflejo



domingo, 5 de julio de 2020

Una cabaña, en la noche




Una cabaña, en la noche 

Una cabaña, en la noche,
en medio de la pradera
—la ventana iluminada—,
resultó, por la mañana,
una pared de madera.

Una pared de madera,
en plena noche estrellada,
parecía una cabaña
en medio de la pradera
—la ventana iluminada.

Me pregunto y me pregunto
cuál será la verdadera,
si la cabaña nocturna
en plena noche estrellada
—la ventana iluminada—
o la pared de madera. 

Douglas Wright


miércoles, 17 de junio de 2020

lunes, 20 de mayo de 2019

¡Esos pueblos del Oeste!




¡Esos pueblos del Oeste!
(¡esos pueblos del Far West!) 

Esos pueblos del Oeste
—esos pueblos “de mentira”—,
con casitas de madera,
con “Saloons”, que son cantinas.

Esos pueblos del Oeste
de las series de tevé
—con cada cowboy montado
en un brioso corcel.

Esos pueblos del Oeste,
—pueblitos en blanco y negro—,
por donde anda “Wyatt Earp”,
por donde anda “El Llanero”.

¡Esos pueblos del Oeste,
esos pueblos del Far West!;
cuando vuelvo de la escuela
—después de tomar la leche—,
por esos pueblitos ando
con “Randall, el Justiciero”,
con “Maverick”, con “Cheyenne”. 

Douglas Wright











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Bonus

En estos días de otoño
–del otoño de mi vida—,
cuando ando un poquito solo,
cuando ando un poquito triste:
¡a esos pueblos del Oeste,
allá me voy enseguida!

Un día de éstos, me animo
y, con unos marcadores
—o lápices de colores,
con aquellos de la escuela—,
a esos pueblos del Oeste
—tan, tan llenos de recuerdos—,
los lleno de vida nueva:
¡los lleno de mil colores!




sábado, 23 de marzo de 2019

El adiós




Aquí, otra de aquellas historietas de mediados de los ’70
que encontré entre mis papeles…

Esta, sobre una poesía —“El adiós”— de Atahualpa Yupanqui.

Lo que encontré no fue el dibujo orginal sino un recorte de diario,
así que tuve que trabajar bastante para restaurarlo —y, de paso,
le di color.


Douglas Wright



domingo, 17 de marzo de 2019

Canción para mi viejo Riachuelo


Canción para mi viejo Riachuelo

A principios de los años ’70 (1973-1974) yo hacía unas historietas de una página, con algún fragmento de una poesía o de una canción, que solía publicar en algún diario de la época.

Cada tanto, rovolviendo papeles viejos, me topo con alguna.

Esta vez es la de una canción que yo solía cantar, “entrado en vinos”, en las reuniones de los sábados por la noche en casa de Don Luis (Luis Sánchez), en Banfield.

Yo la había aprendido, al voleo, de alguien a quien se la había escuchado cantar una sola vez, y la cantaba, un poco (bastante), a mi manera…

La historieta está dibujada en una cartulina grande (como del doble del tamaño que entra en mi escáner) así que le tomé una foto y la retoqué (y restauré) lo mejor que pude.

Es de la época en que usaba unas lapiceras Rötring, lápiz graso negro (que “estiraba” con una hojita de afeitar, como si fuera una espátula), trozos de cartulina negra recortados y pegados, y retazos de fotografías en blanco y negro.

A veces, como en este caso, recurría a unas tramas de puntos, autoadhesivas, que daban un grisado parejo, plano, como el de una página impresa (Letratone, se llamaban, creo).

Estaba empeñado en una tipografía “artística” (y amanerada), a la hora de escribir los textos.

Y siempre, muy “copado” por los paisajes de Buenos Aires, y por la forma de disponerlos en la página.


Douglas Wright







miércoles, 9 de enero de 2019

Historieta desprolija


Historieta desprolija
(historieta despareja) 

Historieta desprolija,
historieta despareja,
con texturas que se acercan
y con manchas que se alejan.

(Paisajes imaginarios,
paisajes de fantasía
en esta historieta “loca”,
en esta historieta mía.)

Historieta desprolija,
historieta despareja;
un paisaje imaginario
de líneas, puntos y sombras
que ríen, cantan y bailan
—y que riendo se acercan,
y que bailando se alejan. 

Douglas Wright



jueves, 15 de noviembre de 2018

Historietas de Mc Gough


Historietas de Mc Gough

Aquí van dos páginas de una historieta que lo tenía a Mc Gough (y a sus árboles) como protagonista.

Douglas Wright




martes, 13 de noviembre de 2018

El hombre que hablaba con los árboles


El hombre que hablaba con los árboles


La primera vez que vi a Mc Gough (según él, se pronunciaba Mac “Goff” —con la “gh” como una “f” fuerte, como en “rough” o “tough”— y no “Goj” —como en “Van gogh”, el pintor) fue en el claro de un montecito cercano a mi casa. (Lo del nombre surgió —en parte— por un comentario mío acerca de su parecido físico con el pintor.)

Por aquella época yo solía cruzar aquél montecito camino del pueblo, o paseaba por él los domingos por la mañana —imaginando aventuras verdes, refrescantes.

Aquella vez —y cada vez que lo volví a ver— Mc Gough estaba parado en medio del claro, mirando hacia arriba, con unos papelitos en la mano.


Tenía el pelo corto y la barba entrecana —tupida y corta también— y las ropas que vestía eran de buena calidad —con esa calidez y blandura de las prendas muy usadas, muy queridas.

Aunque no era un dibujante de oficio —según me había contado—, solía verlo tomando apuntes de los árboles —una especie de apuntes taquigráficos de los árboles en distintos momentos y en distintas situaciones.

A distintas horas del día —decía— las impresiones que tenía de un lugar eran muy diferentes (un grupo de árboles que lo había fascinado por la tarde —por ejemplo— no tenía el menor interés —para él— la mañana siguiente).

Tampoco tenía sentido volver a buscar alguna impresión, algún efecto que había encontrado ya que, a la vez siguiente, ya no estaba ahí. No solamente los cambios en la luz, el viento —las estaciones del año—, hacían que cada paisaje fuese diferente cada vez, sino también sus propios estados anímicos, emocionales, mentales…

No llegué a conocerlo tan bien como me hubiera gustado, pero siempre hubo entre nosotros cierta complicidad en las miradas. (Estábamos unidos, creo, por un gusto por los espacios abiertos y por la proximidad de los árboles.)


Mc Gough tomaba sus notas y apuntes en unos papelitos doblados (que él desdoblaba e iba llenando de pliegue en pliegue como si fuesen las páginas de un pequeño libro o cuaderno).

Alguna vez me dijo que, de alguna forma, él se sentía como un árbol más, que él también era un árbol.

Cierta mañana, cruzando el montecito camino del pueblo, no lo vi en medio del claro, en el lugar en donde solía pararse. Lo único que había en ese lugar eran sus papelitos.


Jamás lo volví a ver. Ahora, mis visitas al montecito son más frecuentes y, cada vez que me paro en medio del claro, me parece que Mc Gough está ahí, entre los árboles que lo rodean —como un árbol más— y que me habla en un lenguaje que parece incomprensible —pero que termina siendo inconfundible y claro.

Ahora, soy yo el que —con unos papelitos doblados en la mano— toma notas, como apuntes taquigráficos.  

Douglas Wright

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Papelitos de Mc Gough 

He aquí algunos de los papelitos de Mc Gough.

Apuntes de los árboles en distintos momento y en distintas situaciones —como me decía él.






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Apuntes de Mc Gough 

Estos son algunos de los apuntes que pude tomar de él.  



Este no es, en realidad, un apunte,
sino la única foto que pude tomar de él
(a contraluz).

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Este está hecho “de memoria”,
en casa.

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Y este está hecho “a las corridas”,
en el montecito, con lo que tenía a mano
(una birome, tal vez).